Bogotá, 26 de agosto de 2022

Hace dos meses cayó a su nivel más bajo en 20 años el yen japonés, frente al dólar estadounidense que no reflejaba este comportamiento desde principios de 2002, debido a la decisión del banco central japonés de modificar su política monetaria, contrariamente a otros grandes bancos centrales que ajustan sus tasas de interés al alza, esto trae consigo repercusiones en la economía nacional, aumentando los precios de las importaciones en yenes a un ritmo anual récord, ejerciendo una gran presión sobre los balances de los hogares.

Si bien las afectaciones del debilitamiento del yen han sido mínimas para los mercados financieros en general, esto podría cambiar si la venta sigue acelerándose.

La importancia de esta variación en el yen, apunta a que es la tercera divisa más negociada a nivel mundial, la cual se encuentra cerca de los 134 por dólar JPY=EBS, luego de haber comenzado el año 2022 en 115, esto refleja un aumento del 16% en lo que va del año, camino a su mayor caída anual desde el año 2013.

Los expertos internacionales aseguran, que esta debilidad puede deberse a la ampliación de los diferentes tipos de interés entre Japón y el resto del mundo.

Mientras que el resto del mundo, liderado por la Reserva Federal de Estados Unidos, está subiendo los tipos de forma agresiva para frenar la creciente inflación, el Banco de Japón ha redoblado su política fácil.

Ante esta situación, el Banco de Japón y el gobierno hicieron una declaración conjunta en la que afirman que podrían intervenir si el yen se sigue debilitando.

Para la directora de soluciones de divisas de Insight Investments, Francesca Fornasari esta caída podría detenerse si el Banco de Japón cambia de rumbo y se vuelve agresivo.

Pero la velocidad de la caída del yen y las preguntas sobre la intervención de los responsables políticos están alimentando la inquietud entre los inversores, especialmente con las apuestas cortas contra el yen cerca de los máximos de seis meses.

En cuanto a los inversores, se estima que una mayor volatilidad y debilidad podría socavar su atractivo como moneda de financiación y poner en problemas a los inversores japoneses. Puesto que “con el yen en niveles tan bajos, es difícil que los inversores soporten un riesgo monetario como la apreciación del yen. Incluso un modesto movimiento de vuelta a 115-120, donde nos encontrábamos hace 4 meses, se llevaría años de ventaja de rendimiento”, afirmaron medios internacionales.

En pasadas declaraciones, el gobernador del Banco de Japón (BoJ), Haruhiko Kuroda, consideró que un ajuste de tasas no sería “apropiado”, al señalar que la economía japonesa todavía se recupera y no enfrenta las mismas presiones inflacionarias que otros competidores.

Con respecto al comportamiento del dólar, analistas internacionales estiman que su precio aumente alrededor de un 5% durante los próximos días, con una subida de hasta 400 pesos, lo cual podría llevar a la divisa a superar los 4.300 pesos, marcando un nuevo récord histórico.

¿Por qué se debilita la economía global?

Se estima que la economía mundial está enfrentando una pronunciada desaceleración en medio de las nuevas amenazas derivadas por la pandemia por causa del Covid-19 y el aumento de la inflación, la deuda y la desigualdad de ingresos, poniendo en riesgo la recuperación de las economías emergentes y en desarrollo, según el Banco Mundial (BM).

Es por ello, que se espera que el crecimiento mundial se desacelere notablemente, y pase del 5.5 %  a 4.1 % en 2022 y a 3.2 % en 2023, a medida que la demanda reprimida se disipe y vaya disminuyendo el nivel de apoyo fiscal y monetario en todo el mundo, afirma el Banco Mundial en su informe Perspectivas económicas mundiales.

Según la previsión del BM, el crecimiento en las economías emergentes y en desarrollo, caiga del 6,3 % en 2021 al 4,6 % en 2022 y al 4,4 % en 2023. Mientras que en las economías avanzadas, el crecimiento disminuirá del 5 % en 2021 al 3.8 % en 2022 y al 2.3 % en 2023, “un ritmo que, si bien más lento, será suficiente para restablecer las tendencias previas a la pandemia en la producción y la inversión”.

Ante este panorama global, Mari Pangestu, directora gerente de Políticas de Desarrollo y Alianzas del Banco Mundial, “las decisiones que tomen los responsables de la formulación de políticas en los próximos años decidirán el curso de la próxima década”.

También insistió en que “la prioridad inmediata debe ser garantizar que las vacunas se distribuyan más amplia y equitativamente, de modo de que la pandemia pueda controlarse”.

Finalmente consideró necesario que se emprendan reformas para borrar las cicatrices de la pandemia, las que deben diseñarse de modo tal que permitan “incrementar la inversión y promover el capital humano, revertir la desigualdad de ingresos y de género, y hacer frente a los desafíos del cambio climático”.

 

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